| Product Summary | | Format: Paperback | | ISBN: 9780757301360 | | Publisher: Hci | | Publish Date: 8/1/2003 | | Buy.com Sku: 33815415 | | Item#: B79G37 | | Buy.com Sales Rank: 65621 | | Dimensions (in Inches) 7.25H x 5L x 0.5T | | Pages: 195 |
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| | | | "The graphic autobiographical account of a man who suffered horrible abuse, including isolation and violence, as a child and who eventually achieved a successful life in society..." This book chronicles the unforgettable account of one of the most severe child abuse cases in California history. It is the story of Dave Pelzer, who was brutally beaten and starved by his emotionally unstable, alcoholic mother: a mother who played tortuous, unpredictable games--games that left him nearly dead. He had to learn how to play his mother''s games in order to survive because she no longer considered him a son, but a slave; and no longer a boy, but an "it." Dave''s bed was an old army cot in the basement, and his clothes were torn and raunchy. When his mother allowed him the luxury of food, it was nothing more than spoiled scraps that even the dogs refused to eat. The outside world knew nothing of his living nightmare. He had nothing or no one to turn to, but his dreams kept him alive--dreams of someone taking care of him, loving him and calling him their son. Annotation: In this moving memoir, Dave Pelzer recalls his childhood, when he was abused by an alcoholic mother. He recounts the strategies he used to survive the "games" she devised that reduced him from a human being to an "it." Dave somehow survives, frees himself of his mother's tyranny, and eventually finds success in the Air Force.
| Author BioAs his autobiographical trilogy attests, Dave Pelzer was brutally abused by an emotionally unstable and alcoholic mother until the state of California intervened. He then spent six years in foster care, after which he entered the Air Force. Pelzer has earned numerous awards for his volunteer and military service, among them the 1993 Ten Outstanding Americans Award. He now lectures on the personal growth circuit.
| | Read A Chapter | 1 El rescate page blank 5 de marzo de 1973, Daly City, California. Estoy retrasado. Tengo que acabar de fregar los platos a tiempo, si no, no hay desayuno; y como anoche no ceni, he de comer algo. Mama corre por la casa chillando a mis hermanos. Oigo sus pasos pesados por el pasillo dirigiindose hacia la cocina. Vuelvo a meter las manos en el agua hirviendo de enjuagar. Demasiado tarde. Me coge con las manos fuera del agua.
!PLAF! Mama me pega en la cara y me tiro al suelo. Si que no debo quedarme de pie y aguantar el golpe. He aprendido, a base de cometer errores, que lo considera un desafmo, lo que significa mas golpes o, peor azn, quedarme sin comer. Recupero mi postura anterior y evito su mirada mientras me grita al omdo.
Actzo con timidez, asintiendo a sus amenazas. ''Por favor, me digo, dijame comer. Vuelve a pegarme, pero tengo que comer.'' Otra bofetada hace que me golpee l Click to read more... 1 El rescate page blank 5 de marzo de 1973, Daly City, California. Estoy retrasado. Tengo que acabar de fregar los platos a tiempo, si no, no hay desayuno; y como anoche no ceni, he de comer algo. Mama corre por la casa chillando a mis hermanos. Oigo sus pasos pesados por el pasillo dirigiindose hacia la cocina. Vuelvo a meter las manos en el agua hirviendo de enjuagar. Demasiado tarde. Me coge con las manos fuera del agua.
!PLAF! Mama me pega en la cara y me tiro al suelo. Si que no debo quedarme de pie y aguantar el golpe. He aprendido, a base de cometer errores, que lo considera un desafmo, lo que significa mas golpes o, peor azn, quedarme sin comer. Recupero mi postura anterior y evito su mirada mientras me grita al omdo.
Actzo con timidez, asintiendo a sus amenazas. ''Por favor, me digo, dijame comer. Vuelve a pegarme, pero tengo que comer.'' Otra bofetada hace que me golpee la cabeza contra el mostrador de azulejos. Lagrimas de falsa derrota me corren por las mejillas mientras sale de manera precipitada de la cocina aparentemente satisfecha consigo misma. Despuis de contar sus pasos para asegurarme de que se ha ido, dejo escapar un suspiro de alivio. Mi actuacisn ha dado resultado. Mama puede pegarme todo lo que quiera, pero no he dejado que me arrebate mi voluntad de sobrevivir. Acabo de fregar los platos y, despuis, hago el resto de mis tareas domisticas. Como recompensa, recibo el desayuno: las sobras de un tazsn de cereales de uno de mis hermanos. Hoy son Lucky Charms. Sslo quedan unos trocitos de cereales en medio tazsn de leche, pero los engullo lo mas de prisa posible, antes de que mama cambie de opinisn. Ya lo ha hecho otras veces. Le gusta usar la comida como arma. Sabe que no debe tirar las sobras al cubo de la basura. Sabe que despuis las cojo. Mama se sabe la mayorma de mis trucos.
Unos minutos mas tarde estoy en la vieja ranchera de la familia. Como voy tan retrasado con las tareas domisticas, me tienen que llevar en carro al colegio. Normalmente suelo ir corriendo y llego justo cuando comienza la clase, sin tiempo para robar comida de las fiambreras de otros niqos. Mama deja salir a mi hermano mayor, pero a mm me retiene para sermonearme sobre lo que piensa hacer conmigo maqana. Va a llevarme a casa de su hermano. Dice que el tmo Dan ''se ocupara de mm''. Lo dice de manera amenazadora. La miro asustado, como si de verdad tuviera miedo. Pero si que, aunque mi tmo es un hombre duro, no me tratara como lo hace mama.
Antes de que la ranchera se pare del todo, salgo corriendo. Mama me grita para que vuelva. He olvidado mi fiambrera abollada que, en los tres zltimos aqos, siempre ha tenido el mismo menz: dos emparedados de mantequilla de manm y unos bastoncillos de zanahoria. Antes de que vuelva a salir disparado del carro, me dice: Diles . . . Diles que has tropezado con la puerta. Despuis, con una voz que rara vez emplea conmigo, me vuelve a decir: Que pases un buen dma.
Le miro los ojos rojos e hinchados. Todavma le dura la resaca de la borrachera de anoche. Su pelo, en otro tiempo hermoso y brillante, le cae ahora en mechones consumidos. Como de costumbre, no lleva maquillaje. Esta gorda y lo sabe. En general, iste se ha vuelto el aspecto tmpico de mama. Como llego tan tarde, tengo que presentarme en la oficina de la administracisn. La secretaria de pelo gris me saluda con una sonrisa. Unos instantes despuis sale la enfermera de la escuela y me conduce a su despacho, donde llevamos a cabo la rutina habitual. Primero, me examina la cara y los brazos.
?Qui es eso que tienes encima del ojo? me pregunta. Asiento dscilmente: He tropezado con la puerta del vestmbulo . . . sin querer. Vuelve a sonremr y coge una tablilla con sujetapapeles de encima de un armario. Pasa una o dos hojas y se inclina para enseqarmelas. Mira seqala la hoja, eso fue lo que dijiste el lunes pasado. ?Te acuerdas? Rapidamente cambio de historia. Estaba jugando al biisbol y me di con el bate. Fue un accidente.
Accidente. Siempre debo decir eso. Pero la enfermera no se deja engaqar. Me regaqa para que le diga la verdad. Siempre termino por derrumbarme y confesar, aunque creo que deberma proteger a mi madre.
La enfermera me dice que no me preocupe y me pide que me desnude. Hacemos lo mismo desde el aqo pasado, asm que la obedezco inmediatamente. Mi camisa de manga larga tiene mas agujeros que un queso de Gruyhre. Es la misma que llevo desde hace dos aqos. Mama me obliga a ponirmela todos los dmas para humillarme. Los pantalones estan practicamente en el mismo estado y los zapatos tienen agujeros en la zona de los dedos. Puedo sacar el dedo gordo por uno de ellos. Mientras me quedo en ropa interior, la enfermera anota las diversas marcas y moretones en la tablilla. Cuenta las marcas en forma de corte que tengo en la cara y busca alguna que le haya pasado desapercibida anteriormente. Es muy concienzuda. A continuacisn, me abre la boca para mirarme los dientes, que estan mellados por habirmelos golpeado contra el mostrador de la cocina. Escribe varias notas mas en el papel. Mientras continza examinandome, se detiene en la antigua cicatriz del estsmago.
Y aqum dice mientras traga saliva, ?es donde te clavs el cuchillo? Sm contesto.
''!Oh, no! me digo, me he equivocado . . . otra vez.'' La enfermera debe de haber visto la preocupacisn en mis ojos. Deja la tablilla y me abraza. ''!Dios mmo! me digo, es tan calida''. No quiero soltarla. Quiero quedarme en sus brazos para siempre. Cierro los ojos con fuerza, y durante algunos segundos, no existe nada mas. Me acaricia la cabeza. Me estremezco por el moretsn hinchado que mama me ha hecho esta maqana. La enfermera deshace el abrazo y sale de la habitacisn. Me apresuro a vestirme. Ella no lo sabe, pero todo lo hago lo mas rapidamente posible. La enfermera vuelve al cabo de unos minutos con el seqor Hansen, el director, y dos de mis profesores, la seqorita Woods y el seqor Ziegler. El seqor Hansen me conoce muy bien. He estado en su despacho mas veces que cualquier otro niqo de la escuela. Mira la hoja mientras la enfermera le informa de lo que ha encontrado. Me levanta la barbilla. Me da miedo mirarlo a los ojos, que es un habito que he adquirido al tratar de enfrentarme a mi madre. Pero tambiin es porque no quiero contarle nada. Una vez, hace aproximadamente un aqo, llams a mi madre para preguntarle por mis moretones. Por aquel entonces no tenma ni idea de lo que sucedma en realidad. Sslo sabma que yo era un niqo con problemas que robaba comida. Cuando volvm al colegio al dma siguiente, vio los resultados de las palizas de mama. Nunca volvis a llamarla.
El seqor Hansen grita que ya esta harto. Casi me muero del susto. ''Va a volver a llamar a mama'', me grita el cerebro. Me derrumbo y lloro. Me tiembla el cuerpo como si fuera gelatina y balbuceo como un bebi, rogando al seqor Hansen que no llame a mama. !Por favor! digo lloriqueando, hoy no. ?No se da cuenta de que es viernes?
El seqor Hansen me asegura que no va a llamar a mama y me envma a clase. Como es muy tarde para ir al aula de la reunisn matinal, corro directamente a la clase de inglis de la seqora Woodworth. Hoy tenemos una prueba de ortografma de todos los estados y sus capitales. No estoy preparado. Normalmente soy muy buen alumno, pero en los zltimos meses he abandonado todo en mi vida, incluyendo el evadirme de mi desgracia a travis del trabajo escolar.
Cuando entro en el aula, los alumnos se tapan la nariz y me silban. La profesora sustituta, una mujer joven, agita las manos delante de la cara. No esta acostumbrada a mi olor. Me entrega el examen guardando las distancias, pero antes de que me siente en la parte de atras de la clase, al lado de una ventana abierta, me vuelven a llamar al despacho del director. Toda el aula suelta un alarido, el rechazo del quinto grado.
Corro a la oficina de la administracisn y llego en un segundo. Me duele la garganta y todavma me arde por el ''juego'' que mama jugs ayer contra mm. La secretaria me conduce a la sala de profesores. Cuando abre la puerta, mis ojos tardan un momento en habituarse. Frente a mm, sentados en torno a una mesa, estan mi tutor, el seqor Ziegler, mi profesora de matematicas, la seqorita Moss, la enfermera de la escuela, el seqor Hansen y un policma. Los pies se me congelan. No si si salir corriendo o esperar a que el techo se derrumbe. El seqor Hansen me hace una seqa para que entre, mientras la secretaria cierra la puerta tras de mm. Me siento a la cabecera de la mesa y explico que no he robado nada . . . hoy. Una sonrisa hace que desaparezca el entrecejo fruncido que todos muestran. No tengo idea que van a arriesgar sus empleos para salvarme.
El policma explica por qui lo ha llamado el seqor Hansen. Siento csmo me voy encogiendo en la silla. El agente me pide que le hable de mama. Digo que no con la cabeza. Demasiadas personas conocen ya el secreto y si que ella lo va a descubrir. Una voz suave me tranquiliza. Creo que es la seqorita Moss. Me dice que todo esta bien. Respiro profundamente, me retuerzo las manos y, de mala gana, les hablo de mama y de mm. Despuis, la enfermera me dice que me levante y enseqa al policma la cicatriz que tengo en el pecho. Sin dudarlo, les digo que fue un accidente, que es lo que fue: mama no tenma intencisn de clavarme el cuchillo. Lloro mientras lo confieso todo y les digo que mama me castiga porque soy malo. !Ojala me dejaran en paz! Me siento tan falso en mi interior. Si que, despuis de todos estos aqos, nadie puede hacer nada.
Unos minutos despuis me dejan salir y sentarme en el despacho contiguo. Al ir a cerrar la puerta, los adultos me miran y aprueban con la cabeza. Me muevo inquieto en la silla mientras observo a la secretaria escribir a maquina. Me parece que ha pasado una eternidad cuando el seqor Hansen me llama para que vuelva a entrar. La seqorita Woods y el seqor Ziegler salen de la sala de profesores. Parecen contentos y, a la vez, preocupados. La seqorita Woods se arrodilla y me rodea con sus brazos. Creo que nunca olvidari el aroma del perfume que lleva en el pelo. Me suelta y se da la vuelta para que no la vea llorar. Ahora estoy verdaderamente preocupado. El seqor Hansen me da una bandeja de la cafeterma con la comida. ''!Dios mmo! ?Ya es la hora de comer?'', me pregunto.
Engullo la comida con tanta rapidez que apenas puedo degustarla. Acabo la bandeja en un tiempo ricord. Poco despuis vuelve el director con un paquete de galletas y me dice que no coma tan de prisa. No tengo ni idea de lo que pasa. Una de mis suposiciones es que mi padre, que esta separado de mi madre, ha venido por mm. Pero si que se trata de una fantasma. El policma me pregunta la direccisn y el nzmero de telifono. ''!Ya esta! me digo. Es la vuelta al infierno. Va a volver a pegarme.''
El policma toma mas notas ante la mirada del seqor Hansen y la enfermera. Poco despuis cierra su libreta y le dice al seqor Hansen que ya tiene suficiente informacisn. Miro al director. Tiene la cara cubierta de sudor. Siento que el estsmago comienza a contrairseme. Quiero ir al servicio y vomitar.
El seqor Hansen abre la puerta y veo que todos los profesores es la hora de la comida me miran fijamente. Me siento muy avergonzado. ''Lo saben me digo. Saben la verdad sobre mi madre, la verdad real''. Es muy importante que sepan que no soy un niqo malo. Deseo tanto gustarles, que me quieran. Me vuelvo hacia el vestmbulo. El seqor Ziegler abraza a la seqorita Woods, que esta llorando. La oigo gemir. Me da otro abrazo y se aleja rapidamente . El seqor Ziegler me estrecha la mano.
Psrtate bien me dice. Sm. Lo intentari es lo znico que puedo decir.
La enfermera de la escuela esta detras del seqor Hansen, en silencio. Todos se despiden de mm. Ahora si que voy a la carcel. ''Bien me digo. Al menos no podra pegarme si estoy en la carcel''.
El policma y yo salimos, pasamos por delante de la cafeterma. Veo a algunos niqos de mi clase jugando al ''balsn prisionero''. Unos cuantos dejan de jugar. Gritan: !Han pillado a David! !Han pillado a David!
El policma me pone la mano en el hombro y me dice que todo esta bien. Mientras nos alejamos en la patrulla de la escuela primaria Thomas Edison, veo a algunos niqos que parecen desconcertados por mi partida. Antes de marcharme, el seqor Ziegler me ha dicho que contarma la verdad a los demas niqos, la verdad real. Habrma dado lo que fuera por estar en clase cuando supieran que no soy tan malo.
En pocos minutos llegamos a la comisarma de policma de Daly City. Casi espero que mama esti allm. No quiero bajarme del coche. El oficial abre la puerta, me coge del codo con suavidad y me lleva a un gran despacho. No hay nadie en la habitacisn. El agente se sienta en una silla que hay en una esquina, donde escribe a maquina varios folios. Observo detenidamente al policma mientras me como despacio las galletas. Las saboreo el mayor tiempo posible. No si cuando volveri a comer.
Es mas de la una de la tarde cuando el policma acaba con los tramites burocraticos. Me vuelve a pedir el nzmero de telifono. ?Para qui? pregunto con voz quejumbrosa. Tengo que llamarla, David me dice con suavidad. !No! le ordeno. Mandeme de vuelta al colegio. ?Pero es que no lo entiende? No debe saber que lo he contado. Me calma con otra galleta y marca despacio el 7-5-6-2-4-6-0. Veo girar el disco negro del telifono al levantarme y acercarme, y fuerzo todo el cuerpo para tratar de omrlo sonar en el otro extremo. Lo coge mama. Su voz me asusta. El policma me hace seqas para que me aparte y respira profundamente antes de decir:
Seqora Pelzer. Aqum el agente Smith del Cuerpo de Policma de Daly City. Su hijo David no ira hoy a casa. Queda bajo la custodia del Departamento Juvenil de San Mateo. Si tiene alguna pregunta, llame allm. Cuelga el telifono y me sonrme. No ha sido tan difmcil, ?verdad? me pregunta. Pero su mirada me indica que es a sm mismo a quien trata de convencer, no a mm. Despuis de recorrer varios kilsmetros, llegamos a la autopista 280 y nos dirigimos hacia las afueras de Daly City. Miro a mi derecha y veo una seqal que dice: ''La autopista mas hermosa del mundo''. El oficial sonrme aliviado cuando salimos de los lmmites de la ciudad. David Pelzer me dice, eres libre. ?Qui? le pregunto, aferrandome a mi znica fuente de comida. No lo entiendo. ?No me lleva a la carcel? Vuelve a sonremr y me aprieta el hombro con suavidad. No, David. No tienes por qui preocuparte, de verdad. Tu madre nunca te volvera a hacer daqo. Me recuesto en el asiento. El reflejo del sol me da en los ojos. Desvmo la vista de los rayos del sol mientras una lagrima me corre por la mejilla. ''?Soy libre?''
©2008. Dave Pelzer. All rights reserved. Reprinted from El Niqo Sin Nombre. No part of this publication may be reproduced, stored in a retrieval system or transmitted in any form or by any means, without the written permission of the publisher. Publisher: Health Communications, Inc., 3201 SW 15th Street, Deerfield Beach, FL 33442 Continues... Excerpted from El Niqo Sin Nombre by Dave Pelzer Copyright © 2003 by Dave Pelzer. Excerpted by permission. All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher. Excerpts are provided by Dial-A-Book Inc. solely for the personal use of visitors to this web site.
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